Puntos de vista 6 Enero 2012 http://listindiario.com/
Desafíos actuales para el servicio exterior
Manuel Morales Lama
Manuel Morales Lama
El término servicio, frecuentemente utilizado en el lenguaje cotidiano, adquiere su acepción más notable en el ámbito de las relaciones diplomáticas. En este medio es considerado de particular importancia el denominado servicio exterior, por constituir un factor indispensable para los nexos formales que se establecen entre Estados (y de éstos con otros sujetos de derecho internacional).
Creado y perfeccionado a través de la historia por la diplomacia y el derecho internacional, se considera que el servicio exterior (constituido básicamente por agentes diplomáticos y funcionarios consulares) es el “órgano permanente del Estado” que tiene como encomienda la misión de representarlo y de ejecutar la política exterior de su país, según la categoría de sus integrantes y conforme a los lineamientos e instrucciones correspondientes. Igualmente, le corresponde el deber de salvaguardar y promover los intereses de su nación ante los Estados extranjeros u organismos, conferencias y reuniones internacionales.
En igual dirección, se puede asegurar que “es cada vez mayor el número de países que consideran su política exterior parte esencial del proyecto nacional de desarrollo”, tal como ha sostenido con toda propiedad el Presidente Leonel Fernández. De lo que podría colegirse que la diplomacia, “como instrumento de ejecución” por excelencia de esa política, se ha redimensionado, requiriendo consecuentemente, un “auténtico” manejo profesional.
Actualmente la responsabilidad que asume el diplomático exige la fiel observancia de principios, normas y procedimientos que dan la consistencia y respetabilidad requeridas a sus acciones (gestiones y negociaciones), a partir de las cuales se consolidarán afinidades, se superarán diferencias y se fomentará la cooperación. También se canalizará “consistentemente” la inversión extranjera hacia su país, se promoverá el comercio, el turismo y las diversas acciones de intercambio. Igualmente se ejecutarán “lícitamente” las labores de observación e información.
Asimismo, se difundirán los valores, el arte y la cultura nacionales, y con la firmeza debida se defenderá y promoverá la imagen y prestigio de la nación. Resulta fundamental asumir fielmente la responsabilidad de proteger los intereses del país que se representa y de sus nacionales.
En el orden práctico, el jefe de misión diplomática para asumir su responsabilidad apropiadamente, debe estar convenientemente informado (generalmente a través de la propia Cancillería) “de los resultados que su Estado se propone obtener de sus relaciones con el Estado receptor (u organismo internacional), tanto en su conjunto, como respecto a asuntos concretos” (E. Vilariño).
“El surgimiento y consolidación de la carrera diplomática”, constata A. Plantey, “responde a la creciente profesionalización que requiere esta actividad”. De conformidad con el derecho diplomático contemporáneo el calificativo “de carrera” se refiere, en esencia, a una estructura jerarquizada en diferentes posiciones, rangos, grados o categorías que el funcionario, previa preparación, va escalando por un determinado sistema de ascensos.
En la actualidad los centros de formación de las Cancillerías (Escuelas, Institutos o Academias) vinculados a rigurosas carreras, seleccionan a sus alumnos mediante un estricto “concurso público nacional descentralizado”. Al terminar satisfactoriamente el curso respectivo, frecuentemente a nivel de maestría, los egresados, conforme al método establecido, suelen adquirir el derecho de participar en el concurso de ingreso a la carrera, que iniciarán con el rango de Tercer Secretario, que es, de acuerdo a parámetros internacionales, como se inicia generalmente dicha carrera.
Periódicamente, cada tres o cuatro años (según la categoría diplomática), mediante evaluaciones y otros procedimientos consignados en el respectivo “Reglamento de la Carrera”, los designados como Terceros Secretarios podrán ascender paulatina y estrictamente, a cada uno de los diversos rangos establecidos en la carrera, hasta llegar al de Embajador. Al cumplirse cabalmente ese sistema de ascensos, los graduados de dichas Escuelas pertenecientes a carreras establecidas rigurosamente, requieren más de dos décadas para alcanzar el rango de Embajador.
Debe recordarse que con los referidos funcionarios de carrera, coexiste otra modalidad de funcionarios nombrados únicamente a discreción del Jefe de Estado, los cuales históricamente, en la época en que eran los “Embajadores de Su Majestad”, habían constituido la totalidad de los mismos. Al evolucionar paulatinamente tal sistema, ha permitido el surgimiento y desarrollo de la carrera diplomática.
Hoy, particularmente “en un estado de derecho”, la proporción de ambas formas de “representaciones del Estado” se establece, generalmente, en la legislación interna de cada país. Evidentemente, para dar el correspondiente soporte a estos Embajadores, en tales misiones se suele contar con funcionarios de carrera y con la “especial atención” de la propia Cancillería.
Cabe insistir, tal como sostiene C. de Icaza: “En función de que la proyección internacional de un país suele corresponder a la calidad de su diplomacia, la adecuada selección de los representantes en el exterior y el fortalecimiento y profesionalización de los cuadros del servicio exterior (y de la Cancillería) son asuntos de interés nacional”.
El autor es presidente del Instituto Hispano Luso Americano de Derecho Internacional.
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viernes, enero 06, 2012
Desafíos actuales para el servicio exterior Manuel Morales Lama
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