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lunes, diciembre 12, 2011

Puede ganar el PRD las elecciones?

¿Puede ganar el PRD las elecciones?
La encuesta Gallup-Hoy ha quedado –entre tantas falsificaciones y chapucerías- como la madre de todas las encuestas. Mientras nos reímos del resto de los surveys –que empujan ahora por el PRD y luego por el PLD- esperamos los resultados de la Gallup-Hoy. Y hace pocas semanas tuvimos el último reporte: Hipolito aventaja a Medina por unos cinco puntos, pero sin lograr mayoría absoluta.
Hay muchas maneras de analizar este resultado.
Una, por ejemplo, es notar que Danilo Medina ha subido mucho y que Hipólito Mejía no se mueve, o se mueve muy poco. Y eso es absolutamente cierto. Luego podría decirse que la tendencia se va a mantener y que eso va a determinar que los muchachos del PLD van mantener sus pies en el palacio por otros largos cuatro años.
Pero esto último es menos probable, pues lo que el ascenso de Medina muestra es lo tremendamente costoso que está resultando el ascenso peledeísta. Y lo que el estancamiento de Mejía indica es que a pesar de todos los recursos gastados por sus contrincantes, no han podido moverlo de su lugar.
Cualquiera que ande por la calle, vea televisión o escuche radio no tiene más remedio que admitir que la propaganda electoral es, hasta el momento, abrumadoramente favorable al candidato morado. Ya casi aturde la imagen de Danilo Medina con su sonrisa flácida y su discurso de lánguida cadencia ofreciendo rectificar lo que está mal hecho, a pesar de llevar en la boleta a la esposa del actual presidente. Y ser él mismo un rehén del grupo de la derecha más habilidosa, insensible e inescrupulosa que ha habido nunca en el país.
En cambio, Hipólito Mejía ha hecho poca campaña –por táctica o por falta de recursos- y aunque ha realizado pronunciamientos avanzados contra la corrupción y a favor de las políticas sociales, los ha hecho siempre en el marco de coyunturas poco convincentes. No hay una sistematicidad en sus propuestas que nos indique que en este, su último intento por ser presidente, está dispuesto a realizar los cambios que permitan a su vapuleado partido recobrar su identidad popular y democrática.
Por consiguiente, otra conclusión que puede extraerse de la encuesta es que la candidatura Medina/Cedeño cada vez va a subir con mayores dificultades. Y que aunque va a contar a su favor con mucho dinero del estado (el dinero que le faltó al 4% que reclamamos los premodernos-que-no-conceptualizamos) también tendrá que cargar con la presencia del presidente Fernandez que parece encaprichado en mantenerse en el escenario a pesar de estar cerca de batir un record de impopularidad y rechazo.
Claro está que falta mucho tiempo de campaña, y en ese período se pueden cometer muchos errores, por cualquier lado.
Pero creo que a Hipólito Mejía le va a ser difícil  ganar esta contienda si no logra articular un discurso coherente que logre capitalizar todo el descontento social y ético que cunde en el país. Por muy desagradables que resulten los peledeistas a la opinión pública, ello no omite que Mejía cargue sobre sus espaldas con una impedimenta considerable y un rechazo mayor que el que tiene Medina. Y por ello Mejía debe hacer un esfuerzo particular para convencer a las clases medias liberales (el sector conservador ya es patrimonio morado y poco se puede hacer en esa dirección) y a los sectores populares hastiados de la pobreza y del clientelismo, de que hay un espacio efectivo en su gobierno para producir un nuevo proyecto de nación.
Un nuevo proyecto que implique la generación de un modelo económico y social incluyente; el castigo ejemplar a los funcionarios corruptos, del actual gobierno y del que presidirá; la depuración de los organismos militares, paramilitares y de seguridad; y la definición de una política exterior independiente y efectiva, diferente al cipayismo pro-norteamericano que caracterizó a su gobierno y a las costosas fanfarrias carnavalescas del actual.
Los próximos meses serán definitorios en el enfrentamiento entre los dos grandes partidos –los partidos menores son otra historia que no trato ahora- y en la capacidad del PRD para no sucumbir ante la avalancha de dinero estatal a favor del delfín descarriado y la primera dama. Y sobre todo, para no sucumbir ante su propia pérdida de identidad y la disolución de sus preceptos democráticos y de justicia social  en medio de esta ola de conservadurismo y autoritarismo que sepulta a República Dominicana.
Haroldo Dilla Alfonso

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