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jueves, enero 07, 2010

La razón de la continuidad / Por qué EE.UU. mira hacia el Sur?

La razón de la continuidad
Por: MANUEL E. YEPE 7:45 PM

Los cubanos hemos concluido el primer año de la segunda parte del primer siglo de ser dueños de una patria independiente y digna, orgullosos de constatar la capacidad para defenderla de que nos ha dotado la unidad del pueblo.

Quienes, fuera de Cuba, han pronosticado, año tras año, con argumentos distintos -a veces contradictorios- el fin de la revolución y de su proyecto socialista, no podrán jamás comprender la razón de este fenómeno. De la misma manera, acá en la isla, nadie entiende qué es lo que alimenta cada nuevo año aquellos reiterados augurios y malos presagios respecto a nuestros anhelos.

Cuando el primer día de enero de 1959 la tiranía de Fulgencio Batista cayó estrepitosamente ante el avance del Ejército Rebelde apoyado por los combatientes clandestinos de ciudades y poblados de todo el país, en una lucha que había concertado el apoyo de una amplia mayoría de la población, la revolución, con Fidel Castro como símbolo y conductor principal, contaba con la adhesión casi unánime de la población.

A Estados Unidos huyeron de la justicia que la dirigencia de la revolución había prometido al pueblo, militares comprometidos con los horrendos crímenes de la tiranía y los políticos corruptos que en mayor medida se beneficiaban materialmente de los desmanes del régimen. Otros que fueron dejados atrás por sus jefes, debieron responder ante los tribunales revolucionarios por sus crímenes.

Con esas excepciones, el apoyo a la triunfante revolución era total en Cuba. Pero esa cuasi unanimidad fue desapareciendo en la medida que la revolución cumplía las promesas de justicia social: la recuperación de los bienes mal habidos, la alfabetización de todo el pueblo, la reforma agraria, la reforma urbana y tantas otras. Miami se fue llenando de ricos burgueses y numerosos profesionales, técnicos y hasta empleados de confianza a ellos vinculados. ¡Eran los primeros y últimos verdaderos “prófugos de la revolución”!

Con posterioridad, las motivaciones para emigrar fueron ya fundamentalmente de carácter económico, determinadas por las penurias materiales impuestas por el bloqueo económico dispuesto por la Casa Blanca, agravadas por los errores propios de un experimento de desarrollo económico y social socialista, basado en una teoría revolucionaria de incuestionable valor pero que no ha creado aún un modelo plenamente acreditado a nivel del planeta.

Invariablemente, la prensa corporativa mundial orientada por los intereses del gran capital ha identificado como exiliados políticos, disidentes, evadidos del comunismo o luchadores por la libertad y la democracia, a cada uno de a los emigrantes cubanos llegados a los Estados Unidos.

Mientras negaba las visas para viajar legalmente, Washington estimulaba a los frustrados solicitantes a lanzarse a travesías ilícitas con riesgo para sus vidas que eran aprovechados como parte de la campaña difamatoria contra Cuba. Estados Unidos, puso en práctica la política de “pies secos, pies mojados” que convirtió la definición de quienes tendrían el privilegio, no concedido a otros inmigrantes ilegales, de residir legalmente en la nación norteña en un macabro juego de ruleta rusa, con fines propagandísticos.

Al gobierno de los Estados Unidos le ha preocupado mucho la continuidad de la revolución cubana y desde que se avizoraba la derrota de la sangrienta tiranía que Washington patrocinaba en Cuba, ha hecho todo lo imaginable por impedirla.

Ha habido bloqueo, magnicidio, terrorismo y una gigantesca campaña de demonización que ha llegado a contar en los últimos años con presupuestos similares al total de aquellos que antes dedicó a la propaganda contra sus enemigos en la guerra fría.

Siempre Estados Unidos dio muestras de ignorar que el actual fenómeno político cubano forma parte de un proceso revolucionario iniciado a mediados del siglo XIX y que hoy tiene al frente a Fidel Castro como antes tuvo a José Martí y otros patriotas conductores.

El Partido Comunista de Cuba, producto de la fusión de las organizaciones que encabezaron la insurrección, es continuidad histórica del fundado por José Martí como organización política única para aglutinar a todos los cubanos para la lucha por la independencia de España y, una vez lograda ésta, para evitar la absorción del país por los Estados Unidos.

La revolución cubana no es obra de un individuo ni de una sola generación de patriotas. El papel de cada generación consiste en defenderla y llevarla adelante, por ardua que sea la tarea, con la conducción de los líderes que ella misma crea y reproduce.

Fidel Castro es un producto de esa creación popular necesaria al proceso histórico revolucionario. Raúl Castro es el líder que se ha dado el propio proceso, por mandato popular, en el actual contexto constitucional que la revolución propiciara para la nación.

Para continuar su obra hasta el completamiento del proyecto soñado desde 1868 por sus principales conductores, la revolución no puede esperar tranquilamente a que Estados Unidos declare y demuestre el fin de sus ambiciones hegemónicas en el hemisferio. Su primer deber tiene que ser la defensa y garantía de su propia continuidad, únicas premisas a las que se subordina el objetivo de priorizar hasta cumplirlas plenamente las conquistas de la etapa actual de lucha por crear un socialismo sostenible, mucho más democrático y ampliamente participativo que lo ya logrado. http://www.barrigaverde.net/?q=node/6930

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¿Por qué EE.UU. mira hacia el Sur?

por Pastor Guzmán Castro Última modificación 07/01/2010 10:12
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Nadie ha dicho todavía si el muy ilustre Premio Nobel de la Paz 2009, Barack Obama, se ha tomado la molestia de leerse el libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina, que tan espontáneamente le regaló el Presidente venezolano Hugo Chávez Frías durante la última Cumbre de Las Américas en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago.

Barack Obama, presidente de los EE.UU.

Sería una lástima que Obama, regidor del imperio de imperios, el “liberal” que pasó toda su campaña en pos de la Casa Blanca hablando de la necesidad de cambio en su país, ahora que ocupa la presidencia no conozca de primera mano la historia de pillajes y violencia de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe, a lo largo de casi dos centurias.

Aunque Galeano se refiere en general a las rapiñas y devastaciones cometidas por los distintos depredadores en el subcontinente desde los tiempos de la conquista, queda claro que ninguno en la etapa postcolonial llegó a ejercer un dominio más completo, descarnado e hipócrita que el implantado por los Estados Unidos al Sur de sus fronteras.

Quizá Obama no sepa que si en 1970 su país importaba la séptima parte del petróleo que consumía, en el 2009 importó cerca del 55 por ciento del total, llegando a alcanzar nada menos que 22 millones de barriles/día, cifra astronómica, equivalente a más de 700 millones de toneladas en un año.

Según cálculos realizados por expertos de la superpotencia, para que esa nación pueda mantener su estándar de vida actual y el desarrollo de su economía en las próximas dos décadas, debía incrementar la disponibilidad del combustible fósil en un 31 por ciento para el año 2030, lo que a la luz de la merma anual del número de nuevos pozos en producción y en el rendimiento, resulta a todas luces imposible, sin contar el factor ecológico.

De ahí la importancia capital para Washington de acaparar para sí una gran parte de la producción planetaria del hidrocarburo y la agresividad de su accionar exterior, que ya ha llevado a dos guerras en la región del Golfo Pérsico y amenaza con otras en este continente.

Realmente, no ha sido fácil para los privilegiados del sistema, perder las ganancias exorbitantes que obtenían en naciones como Venezuela hasta la llegada al poder de Hugo Chávez, donde una burguesía parásita, compuesta por unas 300 familias, se repartía las migajas que dejaban en el país las transnacionales petroleras y mantenían en la pobreza a cerca del 80 por ciento de la población, próxima entonces a 23 millones de personas.

Más o menos lo mismo ocurría también en Bolivia y Ecuador, donde los grandes monopolios del sector se llevaban más de las cuatro quintas partes de las ganancias, dejando para esos países sólo entre el 15 y el 17 por ciento de los dividendos, lo que da la razón a Galeano cuando plantea que los países ricos ganan mucho más consumiendo nuestros productos que América Latina produciéndolos.

Pero no se trata sólo del petróleo. Según el doctor John Saxe-Fernández, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los Estados Unidos dependen en grado creciente de las importaciones de un grupo de minerales estratégicos para su economía y sobre todo para su Complejo Militar Industrial.

Esos minerales los traen de muchos estados fuera de este continente, y un estudio del Colegio Naval de Guerra recomienda adquirirlos en países de esta región para reducir la “dependencia y vulnerabilidad” de la superpotencia, lo que presupone inversiones -y políticas- que lleven al control de esos recursos.

Hoy los norteamericanos importan todo el arsénico, colombo, grafito, manganeso, mica, estroncio, talantium y tritium y otros minerales.

¿Respetará Obama la máxima ancestral de: “al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga” o, por el contrario, dejará que su país continúe por la trillada senda de apropiarse de los bienes ajenos por medio de la agresión y el pillaje? http://www.escambray.cu/Esp/mundo/eeuu1001071103

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