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jueves, enero 07, 2010

Bonapartismo, Balaguer y Leonel

SOBRE EL TIEMPO PRESENTE
Andrés L. Mateo
Escritor. Narrador y ensayista.
clave@clavedigital.com jueves, 7 de enero de 2010, 01:00 a.m.

Bonapartismo, Balaguer y Leonel
El bonapartismo de la historia dominicana pudo haberse evitado fortaleciendo las instituciones

El bonapartismo es un régimen con condiciones particulares en su proceso histórico, cuya característica esencial es la subordinación de toda la sociedad al Poder Ejecutivo. Fue Carlos Marx quien tipificó estas formas carismáticas de representación, en El 18 brumario de Luis Bonaparte. Un vistazo al ciclo histórico que abre la Revolución francesa en 1789, nos permite entender la gravitación hegemónica de figuras como Joaquín Balaguer y Leonel Fernández en la historia reciente.

La plataforma ideológica de todos los gobiernos dominicanos es el bonapartismo. Cuando Balaguer subió al poder no se lo inventó. A la caída de Trujillo el aparato del Estado tenía un peso específico en la riqueza nacional verdaderamente desproporcionado, puesto que él reunía en su persona, a la hora de su muerte, riqueza propia y riqueza del erario. Factores que daban al detentador del Estado el don de un Rey Midas. Si el artículo 55 de la Constitución hace del Poder Ejecutivo un pequeño César, la herencia de la riqueza material del régimen trujillista potenciaba la imagen de un Presidente dotado de poderes sobrenaturales. Sobre esas realidades históricas el mito de Balaguer prohijó sus dimensiones. Es lo que Leonel ejerce como práctica política.

En el bonapartismo la sociedad tiene una prohibición absoluta de inventarse a sí misma; sólo el iluminado que detenta el Poder Ejecutivo participa de una manera de hacer el mundo. Rasgo que fija las conquistas sociales (construcciones, desarrollo económico, alcances de la educación, políticas sociales, etc.) como objetos propios que brotan exclusivamente de su personalidad, y que las masas recibirán boquiabiertas, apabulladas, extasiadas frente a tanto prodigio. ¿Cómo explicarle a los jóvenes que un presidente de la República no tiene derecho a repartir en mítines el dinero de los contribuyentes; que no puede despedazar el Estado para que la “Primera Dama” sustituya la salud pública, la cultura, la educación; que no se puede disfrazar de Santa Claus y salir a repartir funditas que no salen de su bolsillo, sino de los impuestos; si el bonapartismo ha legitimado con su práctica toda la depredación histórica del Estado?

El bonapartismo de la historia dominicana pudo haberse evitado fortaleciendo las instituciones; pero sería como negar el proceso histórico que venimos describiendo, y su naturaleza.

Pero sí vale la pena recordarlo al inicio de este año electoral, porque es con ese instrumento que Leonel se puede situar más allá del bien y el mal, levitando sobre las leyes, suponiéndose que sus propios deseos, el cerco de sus pasiones humanas, son el bostezo de un Dios.

Y porque, además, los intelectuales que no han perdido su criticidad, deberían mirar hacia el espejo de la historia del autoritarismo en nuestro país, porque el bonapartismo de Leonel Fernández es su nueva expresión. http://www.clavedigital.com/App_Pages/Opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=16565

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