PE pone en retiro al general Taveras Rodríguez
Circulan versiones dando cuenta de que el general Juan Tomás Taveras Rodríguez fue puesto en retiro la tarde de este miércoles mediante decreto 5-01 del Poder Ejecutivo, desempeñado en funciones por el vicepresidente de la República, Rafael Alburquerque. http://dominicanoshoy.com/articulos/archivos/2009/julio/articulo/pe-pone-en-retiro-al-general-taveras-rodrigu
"El Cirujano" ordena silencio
Por Margarita Cordero martes 14 de julio de 2009

No voy a escribir sobre el paseo de Radhamés Segura por Francia, Israel y Egipto al que lo invitó el presidente Leonel Fernández, que el tema se ha batido, aunque no debatido, en muy diversos espacios. Solo decir que concuerdo con quienes, con un sentimiento de humillación suprema, constatan hasta dónde puede llegar la connivencia en el poder.
Así que parto para escribir de otro hecho igualmente revelador de la carcoma que corroe nuestras instituciones: el arresto por diez días del general Juan Tomás Taveras Rodríguez ordenado por su superior, el jefe de la Policía Rafael Guillermo Guzmán Fermín, en represalia por los artículos que escribiera en el periódico Clave Digital sobre cuestiones de seguridad y defensa.
El hombre es su historia, dijo alguien alguna vez y aún tiene razón Y Guzmán Fermín escribió la suya cuando dirigía el Comando Norte, con asiento en San Francisco de Macorís, durante el gobierno del presidente Hipólito Mejía. Su mayor mérito de velador de la seguridad ciudadana fue instruir a sus subalternos disparar a las piernas de los presuntos delincuentes con el propósito expreso de dejarlos inválidos; sus éxitos en la aplicación del método le valieron el sobrenombre de “El Cirujano”. Este mismo hombre, que empaña los informes internacionales sobre derechos humanos en la República Dominicana, se ofende hoy porque su subalterno Taveras Rodríguez se dedique, en lugar de matar o invalidar “delincuentes”, a la extraña e incomprensible tarea de pensar y exponer ideas para alentar el debate social sobre cuestiones que mejoran la imperfecta democracia dominicana.
Y con el mismo menosprecio de las leyes que exhibió en San Francisco de Macorís y sigue exhibiendo en la jefatura de la Policía, se arroga el derecho no solo de censurar a Taveras Rodríguez, violando el Artículo 8, numeral 6 de la Constitución, sino de condenarlo a la mudez invocando una Ley de la Policía que no dice absolutamente en ninguna parte que los miembros de la institución hacen votos de silencio social.
Los escritos por los que Taveras Rodríguez fue sancionado, más allá de de su acierto, son un intento de conceptualización, de usar las neuronas en cosas útiles a la sociedad, en lugar de derrocharlas en orgiásticas francachelas, en pensar cómo hacerse rico más rápidamente o cuál método es más eficaz para imponer una visión de la “seguridad” que no es otra cosa crimen y violación de los derechos humanos. Una actitud tan contrastante no puede menos que acelerarle el pulso represivo a un jefe de la Policía de tan pocas contribuciones cívicas y, dado su historia, posiblemente incapaz de “conceptualizar” la seguridad ciudadana más allá de la sangre y el estruendo del disparo.
A diferencia de lo que pueda parecer a los ojos de muchos, el que comento no es un hecho sin consecuencias para cualquier otro que no sea el afectado. La tiene para el país, es decir, para toda la sociedad. La acumulación cotidiana de otros similares es la que socava el de por sí débil andamiaje de nuestra problemática, y no solo carenciada, institucionalidad. Es la que permite que, burlándose de la indignación ciudadana por la corrupción en la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), el presidente Leonel Fernández se haga acompañar de Radhamés Segura en su viaje emprendido el pasado viernes.
Incluirlo en el anecdotario del surrealismo dominicano (o superrealismo, como prefiere la RAE que se diga) es declinar nuestra responsabilidad cívica. Es permitir que otros incontables se sientan estimulados por el ejemplo pasado y presente de “El Cirujano”. Es contribuir a desbrozar el camino por el que transiten sin sonrojo todos los que pisotean el esfuerzo de algunos para mejorar la sociedad. http://margarita-perdonenlamolestia.blogspot.com/
Así que parto para escribir de otro hecho igualmente revelador de la carcoma que corroe nuestras instituciones: el arresto por diez días del general Juan Tomás Taveras Rodríguez ordenado por su superior, el jefe de la Policía Rafael Guillermo Guzmán Fermín, en represalia por los artículos que escribiera en el periódico Clave Digital sobre cuestiones de seguridad y defensa.
El hombre es su historia, dijo alguien alguna vez y aún tiene razón Y Guzmán Fermín escribió la suya cuando dirigía el Comando Norte, con asiento en San Francisco de Macorís, durante el gobierno del presidente Hipólito Mejía. Su mayor mérito de velador de la seguridad ciudadana fue instruir a sus subalternos disparar a las piernas de los presuntos delincuentes con el propósito expreso de dejarlos inválidos; sus éxitos en la aplicación del método le valieron el sobrenombre de “El Cirujano”. Este mismo hombre, que empaña los informes internacionales sobre derechos humanos en la República Dominicana, se ofende hoy porque su subalterno Taveras Rodríguez se dedique, en lugar de matar o invalidar “delincuentes”, a la extraña e incomprensible tarea de pensar y exponer ideas para alentar el debate social sobre cuestiones que mejoran la imperfecta democracia dominicana.
Y con el mismo menosprecio de las leyes que exhibió en San Francisco de Macorís y sigue exhibiendo en la jefatura de la Policía, se arroga el derecho no solo de censurar a Taveras Rodríguez, violando el Artículo 8, numeral 6 de la Constitución, sino de condenarlo a la mudez invocando una Ley de la Policía que no dice absolutamente en ninguna parte que los miembros de la institución hacen votos de silencio social.
Los escritos por los que Taveras Rodríguez fue sancionado, más allá de de su acierto, son un intento de conceptualización, de usar las neuronas en cosas útiles a la sociedad, en lugar de derrocharlas en orgiásticas francachelas, en pensar cómo hacerse rico más rápidamente o cuál método es más eficaz para imponer una visión de la “seguridad” que no es otra cosa crimen y violación de los derechos humanos. Una actitud tan contrastante no puede menos que acelerarle el pulso represivo a un jefe de la Policía de tan pocas contribuciones cívicas y, dado su historia, posiblemente incapaz de “conceptualizar” la seguridad ciudadana más allá de la sangre y el estruendo del disparo.
A diferencia de lo que pueda parecer a los ojos de muchos, el que comento no es un hecho sin consecuencias para cualquier otro que no sea el afectado. La tiene para el país, es decir, para toda la sociedad. La acumulación cotidiana de otros similares es la que socava el de por sí débil andamiaje de nuestra problemática, y no solo carenciada, institucionalidad. Es la que permite que, burlándose de la indignación ciudadana por la corrupción en la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), el presidente Leonel Fernández se haga acompañar de Radhamés Segura en su viaje emprendido el pasado viernes.
Incluirlo en el anecdotario del surrealismo dominicano (o superrealismo, como prefiere la RAE que se diga) es declinar nuestra responsabilidad cívica. Es permitir que otros incontables se sientan estimulados por el ejemplo pasado y presente de “El Cirujano”. Es contribuir a desbrozar el camino por el que transiten sin sonrojo todos los que pisotean el esfuerzo de algunos para mejorar la sociedad. http://margarita-perdonenlamolestia.blogspot.com/


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