LA COLUMNA DE MARISOL
El reciente proceso eleccionario de los Estados Unidos en el que resultó ganador Barak Obama, así como su toma de posesión en esta semana, ha sido seguido por los ojos del mundo, que más que nunca se han interesado en la política norteamericana.
A pesar de las diferencias sustanciales existentes entre los contendores del proceso, Obama y McCain, así como del trasfondo racial que existía, la campaña electoral se llevó a cabo con respeto, y el eje central de los diversos debates a los que acudieron dichos candidatos fue la discusión de los grandes temas de la agenda norteamericana y no aspectos personales.
Una vez declarado Obama como ganador, la transición fluyó adecuadamente, habiéndole quedado incluso pocos anuncios importantes que hacer en cuanto a la selección de su gabinete al iniciar su mandato, lo que permitió hasta la renuncia de uno de los nominados para que la investigación que se le hacía no empañara dicho gabinete.
En el almuerzo que le ofreció el Congreso, su primera actividad como nuevo presidente, entró sin mayores protocolos acompañado de su esposa Michelle, y aunque estrictas medidas de seguridad se habían implementado, no estaba rodeado de oficiales y agentes de seguridad.
Del modo más natural la pareja presidencial saludó al Senador McCain y su esposa Cindy, quienes se encontraban presentes entre los invitados al almuerzo, en el cual el recién juramentado primer presidente afroamericano se sentó sin que se le asignara una silla especial para destacar su investidura.
Muchos podrán decir que no es justo compararnos con el país más poderoso del mundo, sin embargo ninguno de los hechos que hemos destacado tienen una vinculación directa con el tamaño de éste o sus riquezas. Dependen más bien de rasgos elementales íntimamente relacionados con los valores ciudadanos.
Cada proceso eleccionario dominicano trae a colación el tema de la necesidad de reglamentar las campañas, sin embargo no se requiere de una norma para determinar que es ético o no. Denostar a un contrincante por su raza, o por asuntos estrictamente privados, es una bajeza que no debería ser utilizada por ningún aspirante a la presidencia de un país, existan o no sanciones.
También es un absurdo que porque ningún mandato legal así lo obligue, nuestros candidatos a la presidencia aún se resistan a sostener un debate público de ideas, por razones tan fútiles como que no se dialoga con el que está perdido o con determinado líder, con quien a la postre se tendrá que discutir acuerdos en más de una ocasión.
Tampoco se requiere de una nueva ley para terminar con una herencia caudillista que nos hace todavía tratar a nuestros presidentes como si no fueran simples seres humanos, colocando señales de distinción o rodeándolos de una aparatosa seguridad militar, que simplemente nos hace parecer una “República Bananera”.
Ojalá que el seguimiento a este proceso, no sólo reavive en nosotros la esperanza de que los cambios pueden darse democráticamente y que los sueños como el de Martin Luther King pueden lograrse cuando los ciudadanos así lo deciden; sino que nos haga ver también que lo que engrandece a una nación es la calidad de ciudadanos con que cuenta y su capacidad de reinventarse, y eso no depende de ley o Constitución alguna, sino de nosotros mismos.
http://www.clavedigital.com/App_Pages/opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=13495&Id_ClassArticulista=5
0 comentarios:
Publicar un comentario