Iglesia condena lacras
Episcopado emite carta por fiesta de Virgen de la Altagracia
Por El Caribe / El Caribe
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La más reciente carta pastoral del Episcopado Dominicano expresa su preocupación por la pérdida progresiva de los valores y la proliferación de la codicia, el poder y el desenfreno que han causado el “terremoto financiero” que ha estremecido al mundo.
En una carta pastoral con motivo de la fiesta de Nuestra Señora de La Altagracia, la Iglesia católica no hace referencia a la serie de escándalos sobre irregularidades y fallas institucionales que han indignado a la sociedad dominicana en los últimos meses, aunque sí condena conceptualmente la corrupción administrativa, el narcotráfico y la evasión fiscal.
A diferencia de otros pronunciamientos del pasado, en un documento de 52 puntos en 18 páginas, la Conferencia del Episcopado Dominicano tampoco aborda en forma directa los problemas generados por la incidencia de las acciones delictivas y el sentimiento de inseguridad en la población. Sin embargo, contiene una crítica implícita a ciertos sectores cuando afirma que “en nuestro país hay muchos ambientes que todavía hay que evangelizar: empresarios y funcionarios gubernamentales, fuerzas del orden público y poder judicial, población urbana y rural, familias y jóvenes, dominicanos e inmigrantes”.
Al tocar el tema de la violencia intrafamiliar, que en el último año ha tenido una estadística estremecedora de feminicidios, el Episcopado dice que son muchos los ambientes en los que hay que hacer un claro y definido anuncio de un Cristo vivo, con un mensaje capaz de ofrecer esperanza al mundo.
En ese punto agrega a renglón seguido que “se manifiestan de manera descarada las obras de la carne: el narcotráfico y la corrupción; la evasión fiscal, la corrupción administrativa y el indiferentismo; el tráfico ilegal de personas y la prostitución; el sexo desenfrenado y el aborto, la infidelidad matrimonial, el alcohol, la droga, la pornografía, el crimen, el abuso infantil, entre otros”.
Al citar una epístola del apóstol Pablo a los gálatas, sostiene que “todas estas son cosas que pueden ser iluminadas parafraseándole: quienes hacen tales cosas no herederán el Reino de Dios”. La carta pastoral 2009 y titulada “Pablo, modelo de discípulo misionero, está firmada por el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez y los obispos eméritos, monseñores Roque Adames Rodríguez, Juan Antonio Flores Santana, Fabio Mamerto Rivas y Jerónimo Tomás Abreu Herrera.
También suscriben el documento monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, arzobispo metropolitano de Santiago de los Caballeros; monseñor Francisco José Arnaiz, obispo emérito, monseñor José Dolores Grullón Estrella, obispo de San Juan de la Maguana y monseñor Gabriel Antonio Camilo González, obispo de La Vega.
Monseñor Amancio Escapa Aparicio y monseñor Pablo Cedano, ambos obispos auxiliares del Arzobispado de Santo Domingo; monseñor Gregorio Nicanor Peña Rodríguez, obispo de La Altagracia, Higüey; monseñor Francisco Ozoria Acosta, obispo de San Pedro de Macorís; monseñor Freddy Antonio Bretón Martínez, obispo de Baní; monseñor Rafael Leonidas Felipe Núñez, obispo de Barahona; monseñor Diómedes Espinal de León, obispo de Mao-Montecristi; monseñor Julio César Corniel Amaro, obispo de Puerto Plata y monseñor Valentín Reynoso Hidalgo, obispo auxiliar del Arzobispo de Santiago de los Caballeros, también firman la carta pastoral, en que el Episcopado dice que la fiesta de La Altagracia, protectora de la República Dominicana, ofrece una ocasión magnífica para llevar al pueblo de Dios “un mensaje de esperanza tan necesario en este tiempo de tanta incertidumbre”.
Obispos afirman que sectas crean “confusión religiosa”
En otra parte de la carta pastoral, los obispos dicen que “es un hecho la proliferación de grupos y sectas que pululan por nuestros ambientes, presentándose por los medios de comunicación, creando un estado de confusión religiosa”.
Afirma que esos grupos prometen una “salvación fácil que crea falsas expectativas, en personas poco formadas que se dejan arrastrar, apartándose de la Iglesia y de los sacramentos. Por eso, agrega, se hace necesario una formación más intensa para los discípulos misioneros.
Antes de la bendición final, ponen al pueblo dominicano bajo el maternal amparo de la Virgen de la Altagracia, para que ayude a encontrar siempre el camino de la vida, transparentando cada vez de manera más clara el rostro de Cristo.
“La Fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia, protectora de la República Dominicana, nos ofrece, como cada año, una ocasión magnífica para que nosotros, obispos, llevemos a todo el pueblo de Dios, presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, laicos y laicas y todos los dominicanos y dominicanas, un mensaje de esperanza tan necesario en este tiempo de tanta incertidumbre”, dice la pastoral.

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