QUIERO DECIRMiguel Ceara-Hatton Economista.
Keynes demostró que en el corto plazo y para una economía cerrada (que tiene poco comercio exterior en términos del Producto Interno Bruto) el nivel de actividad económica dependía básicamente de la política fiscal (ingresos y gastos públicos) y de la política monetaria (variación de la cantidad de dinero circulando) a través de las tasas de interés.
Una política macroeconómica anticíclica implica que cuando la actividad económica se contrae el gasto público debería aumentar y los impuestos y la tasa de interés reducirse.
Una política macroeconómica anticíclica implica que cuando la actividad económica se contrae el gasto público debería aumentar y los impuestos y la tasa de interés reducirse.
En los primeros meses del año 2008, el gasto público fue expansivo debido al aumento de los subsidios (eléctrico y clientelismo) más los gastos de campaña electoral, lo que llevó a generar un déficit fiscal que descontó la política, y que obligo también a un sobreajuste monetario, para corregir la presión devaluatoria.
Así la política fiscal y la monetaria se neutralizaban mutuamente, pero alterando la composición del gasto: el sector público se expandía y el sector privado se contraía.
Con las crisis externas la autonomía de la política macro se reduce, pues hay disminución en el ingreso de divisas y crece la presión sobre el tipo de cambio.
Bajar la tasa de interés puede deteriorar el tipo de cambio a menos que se baje el gasto público, con lo cual se hace política pro cíclica.
En una economía abierta es más difícil hacer política anticíclica, por la eventual escasez de divisas.
Una política monetaria y de endeudamiento prudente es aconsejable, dado el servicio de la deuda.
En vez de manejar la magnitud del gasto público es preferible manejar la estructura, para ampliar el salario social, reducir su ineficiencia, reducir la corrupción y también la filtración del gasto con fines clientelares.
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