Por una Educación digna

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Demandamos la inversión del 4% del PIB que ordena la ley, por una educación de calidad

lunes, diciembre 15, 2008

Palabras, palabras, palabras

Palabras, palabras, palabras
ESPECTADOR COMPROMETIDO

Carlos Báez Evertsz
Doctor en ciencias politicas y sociologia. Funcionario de carrera del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado (Espana). cbe90@hotmail.com
Carlos Báez Evertsz lunes, 15 de diciembre de 2008 Desde que fue elegido Presidente electo de los EE.UU. de América, Barack Obama suele comparecer ante los medios de comunicación y por tanto, ante el país, cada semana. A veces hace incluso más apariciones para ir anunciando la composición de su gobierno. Siempre, en todas las ocasiones, tiene mensajes importantes que transmitir a los ciudadanos. Nunca habla por hablar.

Hay un país en el mundo, una isla para más señas, en la cuál el ocupante de la presidencia concurre en ciertas ocasiones ante los medios para lanzar largos discursos ante una nación asombrada.

En medio de una crisis económica, que oficialmente no existe, porque ese país es tan singular, que aunque sus lazos con la metrópoli americana son muy fuertes económicamente, la crisis se detiene ante sus fronteras, por decreto oficial del Palacio Nacional.

Sin embargo, las principales fuente de ingresos retroceden, por causa de la situación de recesión y crisis de las economías más desarrolladas, que son de dónde proceden las remesas de los inmigrantes y los visitantes extranjeros. No obstante, una importante fuente de gasto público, el petróleo sigue bajando y se espera que alcance los 45-50 dólares el barril. Eso es lo único alentador en el panorama.

En comunicación política una regla es que cuando un político se dirige al público es porque tiene cuestiones importantes que exponer, y si se trata de un gobernante, lo que se le pide es que trate de aportar medidas o posibles soluciones a problemas concretos.

Sin embargo, hay quienes prefieren comparecer ante el país por el puro placer de hacer uso de la palabra ante un público cautivo, o casi. Y en vez de hablar de soluciones prácticas, lo que se dedican es a hacer un recuento de lo que dijo fulano o mengano, la institución financiera X o Y.

En la “cocina” de Palacio, los encargados de escribir discursos, sintetizan, seleccionan frases cohetes, y ofrecen giros más o menos brillantes y algunos simplemente cursis, para el posible lucimiento personal del orador.

Naturalmente, los alienados con el personaje, los que están en su círculo íntimo, sus asalariados de lujo, los que llevan sus negocios, sus incondicionales, al escucharle, entran en trance. ¡Qué sabiduría! ¡Qué lujo de hombre! ¡Qué oratoria! Los emperadores romanos ofrecían pan y circo, para contentar a la “plebe”. Aquí se ofrece sólo circo.

La situación actual lo que exige de los gobernantes es acciones positivas para mejorar la economía. Y la economía real es trabajo e ingresos para la gente. Es alimentos disponibles a precios asequibles. Es Salud pública para los enfermos. Es dedicar un porcentaje importante del presupuesto a la educación para tratar de formar recursos humanos que sirvan para esa economía real.

En vez de hablar de medidas para hacer frente a la situación, de tomar decisiones. Lo que se nos ofrecen son Palabras, palabras, palabras. Eso lo puede hacer un profesor en una universidad. Pero quien ha hecho un agujero en el déficit público para emplear el dinero público al servicio de su reelección, tiene la obligación de comprometerse tomando decisiones.

Y no precisamente anunciando decisiones controversiales, discutibles, porque precisamente Argentina, no es un buen ejemplo de buena administración de los fondos financieros. Como lo atestigua su historia reciente. Ahí está el famoso “corralito”, que llevó a la pobreza a millones de ahorrantes y pensionistas.

En un país, con más de seis millones de personas sin acceso a los servicios de salud, con un deterioro creciente de la educación de sus ciudadanos, con un aumento del desempleo y del subempleo, con casi un millón y medio de dominicanas y dominicanos que ingresan –cuando lo hacen- por debajo del insuficiente salario mínimo, lo que sobran son las palabras, usadas como onanismo personal o para llenar los egos hinchados, hipostasiados.

Lo que está faltando es tener al frente del Estado personas con capacidad de decisión y que tengan como brújula de sus vidas políticas, no el culto a sí mismos, ni la búsqueda del placer de los viajes y del boato, sino la vocación del servicio público, de servir al pueblo, de que la economía de la gente sea lo primero.

Tal como va la deriva del culto a la personalidad y del auto engolamiento, ya sólo nos falta escuchar que digan, como decía Trujillo: “¡Qué desperdicio que yo tenga que gobernar en un país tan chiquito!”

http://www.clavedigital.com/App_Pages/opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=13210&Id_ClassArticulista=253

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